8 de diciembre de 2008

MOVIMIENTO MAGISTERIAL (Testimonio de la Represión al Movimiento Magisterial y Popular en Morelos)

MOVIMIENTO MAGISTERIAL
Testimonio de la represión al movimiento magisterial y popular en Morelos
18 oct 08

En el estado de Morelos, se mantiene en resistencia un movimiento magisterial y popular que abarca varios pueblos y comunidades del Estado. La demanda principal es echar abajo un proyecto neoliberal llamado A.C.E (Acuerdo para la Calidad Educativa) firmado entre la presidenta antidemocrática del sindicato oficial de maestros, Elba Esther Gordillo y el presidente impuesto de México, Felipe Calderon. Este proyecto promueve la privatización de la educación y busca crear una nueva forma de control social a través del sistema educativo.

Esto llevo a que desde hace más de 50 días (esto se escribe el 15 de octubre de 2008) los maestros han impulsado un movimiento que ha generado plantones, marchas y bloqueos ante el rechazo a dialogar por parte del gobierno local y federal. Los maestros cuentan con el apoyo de los padres de familia que son las comunidades dignas y rebeldes de Morelos, que han brindado solidaridad y apoyo a movimiento magisterial.

La ultima semana el estado de Morelos ha vivido bajo la opresión de un régimen represor, los bloqueos carreteros efectuados desde el día 7 de octubre, fueron brutalmente desalojados por la fuerza publica, incluyendo la policía local y federal, incluido el ejercito mexicano, del 24avo. Batallón radicado en la ciudad de Cuernavaca, Morelos.

Tres Marias, Alpuyeca, Amayuca, Xoxocotla son solo algunos de los poblados que han sido reprimidos en esta ofensiva del Gobierno, que lejos de resolver la demanda ha decidido atizar el conflicto con el uso de la violencia.

La represión lleva tiempo como método de atender a los movimientos sociales en Morelos, como en todo México, a los maestros se les ha amenazado e intimidado por teléfono, se han hecho campañas mediáticas contra su movimiento de manera alarmante, y se promueve la confrontación con grupos de la derecha y oligarquía local como empresarios y grupos partidistas adictos en su mayoría al Partido Acción Nacional.

En los desalojos se allano casas de manera ilegal, sin orden judicial y con violencia para intimidar, golpear y detener a los habitantes, se torturo a detenidos haciéndolos caminar sobre las brazas ardientes y cristales rotos que habían quedado en la confrontación, sin dejar de mencionar el uso del ejercito mexicano de manera abierta en contra de la población, ocupando no solo a centenas de soldados, también se usaron tanques antimotines artillados y helicópteros militares y armas de grueso calibre.

Por su parte los maestros han decidido seguir demandando la solución a sus demandas, y confían en que el país entero detenga este proyecto que liquida a la educación como un derecho y una oportunidad de construir una sociedad mejor y mas justa, para hacerla una mercancía y una fabrica de empleados sumisos y consumistas. Que afecta no solo a Morelos sino a todo el país.

Los pueblos de Morelos confían en sus maestros y mantienen su apoyo y lo refuerzan con los que rompieron su miedo ante el asco de la represión. Los campesinos e indígenas, los estudiantes y organizaciones, los sindicatos democráticos, los pueblos que luchan contra la muerte desde la bandera del No a la contaminación, saqueo y exterminio de la naturaleza como los de Loma Mejia y los 13 pueblos de Morelos.

Enviado por: Eduardo González González

MOVIMIENTO MAGISTERIAL (Pugnas al Interior por Control del Conflicto)

MOVIMIENTO MAGISTERIAL
Pugnas al interior por control del conflicto
El Sol de Cuernavaca

Mónica González

Cuernavaca, Morelos.- La lucha por el control del movimiento magisterial ocasionó ya una fractura entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el resto de los trabajadores de la educación, toda vez que estos últimos se deslindaron de las acciones efectuadas por sus compañeros disidentes, quienes pretenden abanderar y utilizar el conflicto para sus fines personales.

Lo anterior, se hizo evidente la mañana de ayer en la conferencia de prensa ofrecida por los integrantes del Movimiento Magisterial de Bases, en donde Aída Díaz Sánchez, representante de la CNTE, enfrentó a sus compañeros de lucha y en su propia cara los llamó "vendidos reptiles", luego de que estos últimos anunciaban a los representantes de los medios de comunicación su deslinde de la coordinadora.

Y es que tanto Alfonso Valero como José Trinidad Regino Nájera convocaron a los medios de comunicación para anunciar que "el movimiento no es del CNTE, y mucho menos está apadrinado por algún partido político", de tal suerte que aseguraron que lo que realice la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es un asunto diferente a lo que está demandando el magisterio de Morelos.

Estas declaraciones no gustaron en nada a las representantes de la CNTE, quienes en voz de Aída Díaz y Claudia Rebollar lamentaron que sus propios compañeros se hayan deslindado de esta corriente disidente, cuando en el problema se encuentran inmiscuidos todos como un mismo organismo defensor de los derechos laborales de los trabajadores.

Sobre el particular, Claudia Rebollar aseguró que la corriente que representa, que es la CNTE, nunca ha dicho que estaba abanderando el movimiento y que la reunión que se dio en el estado y en las mismas instalaciones de la sección 19, fue para tratar un tema nacional que compete a todo el magisterio del país, sin que se haya pretendido aprovecharse de la situación, como otros lo aseguran.

Esta situación, que puso en evidencia la fractura entre los propios integrantes del Movimiento Magisterial de Bases, ocasionó que se convocara al comité negociador y a los delegados sindicales con la finalidad de tomar cartas en el asunto y evitar que "unos busquen aprovecharse de los otros".


Enviado por: Eduardo González González

7 de diciembre de 2008

MOVIMIENTO URBANO POPULAR (La Transformación de las Metrópolis)

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS METRÓPOLIS
Alain Touraine

El objetivo de éste artículo es reflexionar acerca de los problemas de la ciudad. ¿Auge o decadencia?: es el problema que me plantearon. Creo que la primera respuesta a la pregunta, complicada y difícil, es decadencia. Aunque, y en mi opinión, como punto de partida, no como punto de llegada.

Como punto de partida, la historia moderna es la historia de la decadencia de las ciudades. El mundo moderno empezó con la creación de la ciudad como acto político principal. En Italia, en Flandes, después en Holanda y en otras partes como Alemania, etc.

En esta época, que corresponde a la creación de la democracia política, o digamos primero, del Estado de derecho; pero primero del Estado nacional o de la ciudad nacional, la ciudad Estado, tipo Venecia, Amsterdam y también tipo Barcelona. En este momento, ciudadanía, burguesía, derechos urbanos, derechos cívicos, todo esto representaba el mundo moderno contra el mundo feudal que tenía su base en la dominación del campo, de la tierra, (del trabajo humano en la tierra). En ese momento esos privilegios los tenían todos, -o casi todos-, un poco más en los países, un poco menos en los Estados nacionales, que eran básicamente Gran Bretaña y Francia, pero incluso en estos países, Londres o París se identificaron totalmente con la modernidad, como en otras capitales u otras ciudades. La modernidad fue una realidad política antes de ser una realidad económica.

Un sociólogo muy importante y famoso, Max Weber, explicó que la racionalización se desarrolló en el plano político mucho antes que en el plano económico. Está visión de hace 400 o 500 años mostraba que modernidad equivalía a ciudad. La ciudad quería decir apertura, capacidad de cambio, libertad, capacidad de organizar intercambios económicos o culturales, etc., básicamente por razones políticas. Entonces, la ciudad fue el elemento central, el elemento básico, la célula central de la sociedad moderna durante una primera época.

La ciudad se transforma
Después vino la industrialización. La industrialización significa la pérdida del control del Estado sobre la economía, y, también, la pérdida del control de la ciudad sobre gran parte de su población. Se organizan afueras, ciudades satélite, o zonas puramente urbanas. Y poco a poco la mezcla de clases sociales, de categorías sociales que había, incluso en el siglo XVIII (comenzaron Dickens o Balzac descripciones literarias costrumbristas), fueron reemplazadas por un proceso de separación, de segregación. A veces de manera totalmente voluntaria, como en el París de mediados de siglo XIX, pero de modo parecido en todas partes.

Londres fue el caso extremo de una ciudad totalmente dividida entre este y oeste, con gente que casi no hablaba el mismo idioma, que difícilmente se entendían debido a la diferencia entre el acento de la parte oeste de la ciudad y el del este. Esto me parece importante, la imagen de la ciudad se vuelve negativa en el sentido de que la ciudad es la burguesía y el pueblo se siente eliminado. Y muchas veces, en muchos casos es materialmente eliminado, literalmente expulsado de la ciudad. Todo esto es mucho más complejo, y ,especialmente, en mi país o en mi ciudad.

En otras, hubo una lucha y el mundo popular, que no era el proletariado, pero era un mundo popular, intentó apoyarse en la ciudad, mantenerse dentro de ella. Pero fue eliminado, hubo una serie de derrotas, y, diría que casi a final del siglo XIX la idea ya era aceptada en casi todas partes, a excepción de algunas zonas. Alrededor de las estaciones de ferrocarriles hay zonas de desintegración social, que suelen conllevar prostitución, robo, etc. Pero aparte de eso, la ciudad de esta época tiene un sentido más bien de gente de clase media, de clase alta o de funcionarios públicos, mientras que las categorías populares y el mundo obrero están principalmente en la periferia, cerca de las empresas o de los medios de transporte. Todo esto es ya bien conocido.

En el momento actual, a finales del siglo XX, creo que este proceso de desintegración de la ciudad ha avanzado mucho. Tomemos un ejemplo que repito en muchas partes del mundo, pero no por casualidad: Ciudad de Méjico, por tomar una ciudad donde se habla español. La Ciudad de Méjico no existe como ciudad. Existe porque una categorización bien clara, interesa. Se ha formado una categoría de gente que vive a nivel mundial a través del ordenador, del fax, del teléfono, de los circuitos financieros, que viven en comunidades generalmente aisladas, fuera de la ciudad. Viven en grupos en habitaciones vigilados por policía privada, a veces con rejas y muchas veces con escuelas privadas donde se da la enseñanza en inglés o, al menos, bilingüe. Esta gente de Méjico tiene bastante contacto con Florida, al menos porque los nietos quieren ir a Disneylandia. También la capital de América Latina tiene mucho contacto con Nueva York, Londres, Tokio. Fueron llamadas, en un libro excelente, las Ciudades Globales. En un libro de la socióloga Saskia Saser, medio americana, medio sueca. Esta elite se comunica perfectamente con los centros económicos del mundo entero a través del teletrabajo, de los medios de comunicación. Después hay un mundo intermedio -comerciantes, empleados públicos- no demasiado lejos del centro. Muchas veces existen ciudades universitarias; en el caso de Méjico, casi todas las grandes instituciones académicas y científicas están al sur. Y finalmente la enorme masa de los inmigrantes; en este caso, inmigrantes del interior, del sur, que suben, se van a quedar o van a inmigrar hacia Florida, o Texas, o, en casos más importantes, hacia California. Entonces estas categorías no se encuentran, no hablan entre sí, no se conocen, no tienen miedo de los otros. La política manipula a los pobres y tal vez esté manipulada ella misma por los ricos. Pero no digo que no haya conciencia nacional, de hecho hay una conciencia nacional muy fuerte; pero proviene del país, de la bandera. Eso es una realidad, en cambio la ciudad no lo es. La gente habla más bien en términos de barrio, de distrito.

El barrió como valor
Recuerdo, -para tomar un ejemplo fuera de Méjico-, cuando hicimos -y estamos haciendo constantemente- estudios con jóvenes inmigrantes en París, en Lyon, en Marsella. Preguntamos a jóvenes que tienen la doble nacionalidad argelina y francesa: tú qué eres, ¿argelino o francés?, y responden: Yo soy de Marsella. Y más concretamente No, Marsella no me interesa, yo soy del conjunto habitacional X. O Yo soy del conjunto habitacional Víctor Hugo, o yo soy de la torre 12, y no tengo nada que ver con esos idiotas de la torre 14, que son exactamente la misma población. Es decir, hay un localismo que es una expresión muy importante de algo que comentaré después a un nivel más general.

Lo que existe es una separación. Emplearé un vocabulario norteamericano: hay un mundo de los habitantes de la ciudad, los overnights. Hay una categoría pero esto es más cierto para los EE.UU. que para los países latinos, europeos o sudamericanos: los sub-overnights, que son la clase media que en los EE.UU. y en algunos países europeos está en la periferia, en los distritos ricos como por ejemplo Washington, que es un caso extremo. Overnights, sub-overnights y ex-overnights, tres categorías muy distintas, incluso desde un punto de vista administrativo. En los EE.UU. por ejemplo, muchas veces los ricos, digamos la clase media-alta, no pertenece a la misma ciudad ni al distrito federal, como es el caso de Washington; están en Maryland, camino a Baltimore. Existe una separación y el punto final es el gueto. Sería muy exagerado decir que es una tendencia general; sin embargo, para crear una imagen un poco dramática, diría que sí hay una tendencia fuerte en la historia urbana: una tendencia hacia la segregación y, por qué no, una tendencia hacia la ghetización.

Un ejemplo, muy conocido por todos, es el de Los Ángeles -centro urbano muy limitado- con una serie de guetos en los que para pasar de un gueto a otro no hay otra solución que la autopista. Una autopista con guetos es, en mi opinión, una buena descripción del mundo actual. No hay comunicación, salvo la comunicación que todos conocemos: asaltos, guerra civil, racismo, xenofobia, etc. Cada grupo desprecia o tiene miedo de grupos nacionales, étnicos, religiosos, etc. Me parece el fin o la decadencia de la ciudadanía. En gran número de casos no somos más ciudadanos, sino más bien habitantes: gente que vive en un barrio, en un distrito, en una zona, en un edificio, etc.

El papel de los media
Creo que es muy importante agregar que el mundo de los media juega aquí un papel enorme. La mayor parte de la gente va al trabajo, vuelve a su casa, se encierra y se comunica, no con su vecino, sino con un chino, con un peruano o con un noruego que aparecen en televisión. Es más fácil para la mayor parte de la gente encontrar un dinosaurio que un vecino, porque hay pocas televisiones que se interesan por la categoría de vecino, que no es muy dramática. En ciertos casos esta tendencia a la segregación es muy fuerte: el caso de los guetos negros de los EE.UU., el caso de Chinatown en varias ciudades -incluso ahora París-, barrios árabes, barrios turcos, etc. Alemania, por ejemplo, es un país donde hay una presencia muy visible de barrios turcos, con muy poca comunicación, porque los turcos no aprenden o aprenden lentamente y poco, la lengua mayoritaria: el alemán. Eso, obviamente, es una visión rápida, un poco extrema, no digo que todo el mundo viva así, pero si uno considera los muy ricos y los muy pobres, es así.

¿Ustedes se acuerdan del juicio famoso sobre Nueva York? Para vivir en Nueva York, para vivir en Manhattan, hay que ser o muy rico o muy pobre. Y el muy rico y el muy pobre tienen muy pocas posibilidades de intercambio. Está desapareciendo la vieja definición de ciudadano como elemento de la vida social, también los derechos del hombre y del ciudadano, que eran sinónimos. Esa es mi impresión, que presento no de manera descriptiva, sino como punto de partida en un análisis. A partir de eso, sin perder tiempo y sin pasar a un análisis más general que vendrá después, ¿qué podemos hacer? Podemos reconstruir las ciudades. No todas las ciudades están en ruinas, como algunas ciudades del Tercer Mundo, o como lo estuvo Detroit, o como algunas ciudades norteamericanas, o el Bronx, que es un campo de ruinas. No quiero dar una visión trágica del mundo, pero me pregunto cómo podemos reaccionar contra esta pérdida de control, no del Estado sino de lo político, del estatus político frente a la situación social y a la identidad cultural. Eso es la desorganización de la ciudad o la decadencia de la ciudad, expresión de la pérdida de influencia de la definición política frente a la definición económica y cultural.

En el momento de la segunda Revolución inglesa, de la independencia americana, de la Revolución Francesa más que nada, nuestro concepto de ciudad, de sociedad, de libertad y de justicia es una concepción urbana, territorial. Se trata de eliminar al Rey como el personaje que domina un país, una ciudad, un pueblo, etc. En el s. XIX hemos aprendido a definirnos como trabajadores más que como ciudadanos. Cuando se dan derechos cívicos, por ejemplo en Francia, los hombres en 1.848 fueron los obreros, los que decían bueno, soy ciudadano, perfecto. Pero trabajo doce horas, mi mujer trabaja diez horas, mi hijo mayor tiene tuberculosis y vivimos en una casa medio destruida, lo que correspondía a la realidad y pensaban: que me interesa a mí ser ciudadano si como trabajador no tengo derechos. Por eso a finales del s. XIX, con mucha lentitud, primero en Alemania; después, de manera más sólida, en Inglaterra y mucho más tarde en EE.UU. y Francia, empezamos a crear una democracia industrial, es decir, a transformar la idea de derechos cívicos en derechos sociales o, para utilizar la palabra más difundida, en justicia social. Y ahora estamos viviendo una tercera etapa: cómo tomar en cuenta la diversidad, las identidades, las memorias culturales. La diversidad cultural

Nosotros sentimos que la gente quiere mantener sus derechos cívicos o ampliar sus derechos sociales, pero, además, quiere defender u obtener sus derechos culturales. No digo que todos estos problemas no tengan validez, no tengan efectos en la vida de la ciudad, pero no se trata de problemas de tipo global, de tipo territorial, de tipo social. En el tiempo de la vida urbana in stricto sensu, la liberación de las ciudades del poder religioso, imperial o extranjero, fueron realmente la definición de la modernización política. Todo eso va desapareciendo.

Veamos aquí cuales pueden ser las respuestas. La primera respuesta puede ser la postmodernidad. Los postmodernos son la gente que dice que no hay ningún inconveniente en la separación de los bienes, que hay una economía globalizada, identidades culturales múltiples, o al menos hay una libertad total, una ausencia total de coherencia, pues no hay un principio central de la sociedad. Es la imagen de una sociedad reducida a redes de comunicación apoyados en centros de identificación. Esta visión me parece sumamente peligrosa porque si una economía globalizada, mundializada, está separada de la realidad social, se vuelve puramente financiera. Nos puede suceder, ya que vamos a entrar en una unión económica y monetaria. La parte monetaria es bastante visible; la parte económica, muy poco. La parte social es un fantasma. Y la parte política está completamente ausente. Es decir, que existe una gran posibilidad, diría casi una necesidad, de separar la economía de sus efectos, de sus significados sociales y entonces desarrollar lo que estamos viviendo, un aumento de desigualdades sociales, un aumento de la exclusión social, etc.

Por otro lado, si estamos identificados con nuestra identidad, o nuestras identidades, ¿a qué llamamos identidad?: a nuestra memoria. Vamos a identificar valores o creencias o fe religiosa con una ley y con las costumbres. Tomemos un ejemplo muy conocido: la ablación de las niñas en algunas partes de África, que no tiene nada que ver con el Islam, nada que ver, y tampoco con la ley La Sharia, pues la mayor parte del mundo islámico no utiliza la circuncisión. Eso corresponde a costumbres de algunas partes de África subsahariana, que los etnólogos estudian y es un problema complicado, pero ustedes pueden defender, como lo hacen algunos antropólogos, la circuncisión, o, como hace la gran mayoría, pueden condenarla. Pero el Islam no tiene nada que ver. Es un tema bien sencillo para nosotros, incluso para ustedes, porque durante siglos tuvimos esta mezcla de costumbres, de ley y de fe religiosa en lo que se llama la Cristiandad. Gracias, no sé si a Dios, pero no tenemos más Cristiandad, tenemos Cristianismo y una autonomización, incluso un desarrollo intelectual y práctico de la fe religiosa cristiana. Pero vivimos en un mundo que es secularizado, laico y donde se dice claramente que hay costumbres, leyes, valores y creencias religiosas. Y las tres cosas pueden entrar en conflicto, pero tienen también que buscar acuerdos. Diré que si uno elimina el peligro de la financialización de la economía y el riesgo opuesto del comunitarismo, de las creencias o valores, tenemos que reconstruir -y este es mi punto central-, cierto tipo de comunicación entre el mundo económico globalizado y el mundo cultural fragmentado.

Lo económico y lo cultural
Históricamente esta separación de lo económico y de cultural se inició en el siglo XVI, Renacimiento italiano, Reforma italiana. Entonces existían el mundo de la fe y de la subjetividad por un lado y el mundo de la ciencia y del arte por otro. Inmediatamente antes y después inventamos lo político, a partir de Maquiavelo, pero fundamentalmente a través de Hobbes, Locke y Rosseau. Existía en lo económico y en lo social un principio de igualdad. Este principio de igualdad era la ciudadanía y la soberanía popular, que fue tal vez el descubrimiento más importante como principio de acción y teoría del mundo moderno. Pero como ya indiqué -y no quiero volver, quiero plantear el problema en términos más modernos-, a medida que este reino de lo político está invadido por lo económico, por lo cultural... ¿cuál es entonces el principio que nos permite mantener un cierto grado de comunicación o de compatibilidad entre el mundo de la economía y el mundo de las culturas? Y ahí, creo que en muy pocas palabras hay que ver el cambio profundo, el cambio, en mi opinión, casi total que estamos viviendo.

Como acabo de decir, el principio de lo político era un principio universalista. Por encima de las diferencias sociales somos todos iguales en derecho, para utilizar la famosa primera frase de la declaración de Versalles del 26 de septiembre de 1789. Esta igualdad de derecho perdió importancia. La gente insistió en la justicia social, en la identidad cultural, así que, en el momento actual me parece vacío buscar una comunidad, una neocomunidad de tipo político, nacional o administrativo. No digo que estas nociones hayan perdido todo el sentido. Digo que no hay manera de construir cierta unidad de la sociedad a través del llamado principio superior. Todos somos hijos de Dios, todos somos seres racionales, todos somos seres modernos e, incluso, todos somos alemanes o ingleses o mejicanos. En mi opinión no existe otra solución a parte de reconocer el derecho de cada uno o una a construir personalmente un tipo de combinación entre su participación con el mundo técnico-económico y sus identidades culturales.

Me gusta emplear una palabra que fue a menudo usada por un biólogo como François Jacob hablando de la naturaleza, que es la palabra bricolaje, esto es que cada uno no encuentra una solución universalista, pero cada uno de nosotros como el mundo entero, ricos o pobres, blancos o negros o amarillos, estamos buscando un tipo de combinación que sea individual. Cada uno o una de nosotros estamos tratando de construir nuestra individualidad, nuestra personalidad como diferente de las demás. Y esta individualidad no se construye diciendo soy diferente, mi dedo es diferente, sino buscando, construyendo, con un éxito siempre muy relativo una mezcla de metas de tipo instrumental y motivaciones de tipo cultural.

Volviendo, aunque no estaba muy lejos de la ciudad, ¿cuál era el papel de la ciudad? ¿dar ciudadanía? ¿crear igualdad de derechos? Sí, pero como ya indiqué varias veces, es un poco abstracto. Porque si soy miembro de una minoría étnica, nacional o religiosa; o si vivo a un nivel económico muy dramáticamente bajo, esta unicidad o igualdad cívica de todos me parece abstracta. Considero que la función principal de la ciudad, -lo que puede contrarrestar la decadencia del modelo clásico de ciudad- es la de ampliar, fomentar la comunicación entre proyectos de vida personales o colectivos. La ciudad, después de todo, es su más vieja definición, como la encuentro en el extranjero. El extranjero que no es el tipo totalmente diferente, el extranjero es el tipo que tiene un pie dentro y otro fuera. Entonces es que es diferente y semejante porque voy a hacer negocio con el extranjero, o voy a aprender su idioma o voy a admirar a su mujer.

Eso significa que el papel de la ciudad no es el de crear ciudadanos, sino el de manejar, fomentar y proteger el deseo y la capacidad de cada uno de nosotros de comunicar con gente que busca, de manera diferente pero análoga, la construcción de su proyecto de vida personal en forma de una combinación entre una actividad tecno-económica y una memoria cultural.

Organizar la heterogeneidad
Eso no significa que el papel de la ciudad sea el de dar una plena libertad, el de ser tolerante frente a una gran diversidad de experiencias sociales y culturales. Aunque creo que esto es mejor que nada; mejor tolerancia que intolerancia, por supuesto, pero diría que una meta importante para una política urbana es la de organizar la heterogeneidad. Es decir, organizar, defender y fomentar la comunicación entre gente diferente. Lo que significa cosas muy sencillas. Creo que la primera cosa que estamos esperando de una ciudad es que disminuya las distancias sociales, la segregación social y suprima los guetos; que actúe en términos de lo que llamamos solidaridad. Solidaridad no quiere decir que estemos todos en el mismo barco, ni este tipo de tonterías. Significa que nosotros, como colectividad, queremos dar a cada uno la posibilidad de construir su proyecto personal de vida. Eso es la solidaridad. Significa también que tenemos que tener escuelas que sean lo más heterogéneas posible, y no escuelas de ricos y pobres, no escuelas de blancos y azules. Esto me parece lo más importante.

Ahora quisiera agregar una cosa un poco más limitada. Porque ustedes no están interesados en las ciudades sino en las ciudades metropolitanas. Y esto es un tema de enorme importancia actualmente. Voy a empezar con una referencia muy concreta y práctica de mi propia ciudad.
París es una ciudad bien definida porque antes había murallas y ahora, autopista. Después existen en general, -al menos en el norte, este y sur-, núcleos urbanos que desde el s. XVIII (o más bien del XIX) fueron núcleos industriales y obreros. Después, durante los cincuenta últimos años, se han construido zonas de urbanización. Es muy notable ver que en las ciudades industriales, obreras y populares, muchas veces en gran crisis, con una tasa de paro muy alta, hay poca violencia. Y muchas veces en partes un poco destruidas de las ciudades, y en las ciudades urbanizadas, que muchas veces son agradables de ver. Recuerdo que pasando unos días en las afueras de Lyon -donde hubo muchísima violencia- había alguna cosa agradable. Habían servicios, árboles, centros de juego y centros para los jóvenes. Y había violencia. La gran diferencia es que lo que digo sobre la organización de las diferencias del pluralismo, del multiculturalismo supone a la vez la idea de qué es una ciudad; que es el espacio de protección o de fomento de las diferencias. Entonces, la identificación con un centro urbano es muy importante.

Me acuerdo, porque estuve hace muy poco en barrio exterior de París que fue un poco simbólico de la miseria extrema, Overvié, recuerden que había canciones populistas sobre los niños de Overvié. Era realmente pobre, pero la gente tiene una conciencia fantástica, y el equipo de fútbol no es el Barça, tienen un nivel bastante modesto, pero tienen algunos campeones olímpicos. Y todo el mundo, el mundo 90% pobre, se identifica con el tipo que levanta pesos, o que nada, etc.

Lo que me parece lo más interesante en vuestra solución es que en lugar de crear una gran Barcelona en el sentido de suprimir barreras para que cada uno pueda venir al centro con autopistas, con programas centralizados a nivel cultural, etc., ustedes han tratado de construir una red. Una red, por supuesto, en este caso, donde, tal vez no cada habitante, pero la mayoría de los habitantes puede identificarse con un núcleo urbano próximo, relativamente limitado y con cierta memoria colectiva, que puede ser la memoria de una fábrica, que puede ser la memoria de una persona, etcétera. A través de esta identificación local, está preparado a pasar a un nivel superior.

El mestizaje
Creo que el mundo de un mestizaje generalizado es la peor solución del mundo, porque cada uno pierde su identidad y esto crea una solución muy vertical, muy jerarquizada, como en Brasil donde un negro que baja del avión es considerado blanco, porque el blanco es el tipo rico. La raza, la etnia, el color de la piel, todo esto estaría emplazado por una brutal escala social o jerarquización social. Por tanto, nada de mestizaje, nada tampoco de comunitarismo, soy muy anti-comunitarista, muy anti-identificación del individuo a una comunidad, porque eso se liga directamente a la cosa de Milosevich, o a la cosa de los grandes lagos africanos.

Lo que necesitamos, y esto es política, no se hace de manera espontánea, es el voluntarismo urbano, que debe ser la voluntad de crear una red jerarquizada en la mayor parte de los casos, no jerarquizada en algunos casos, aunque esto ya es más complicado. Pero generalmente, por lo menos en Europa y en América latina, jerarquizada. Con posibilidad de aumentar constantemente la posibilidades del centro de acoger diferencias, de organizar encuentros, de organizar comunicación. Barcelona es una ciudad que tiene una tradición comerciante especialmente mediterránea. Creo que es fundamental ser un centro suficientemente sólido para organizar, acoger, hacer posible encuentros entre gente distinta.

En el momento actual estamos todos aterrorizados ante la incapacidad de establecer contactos con el sur del mediterráneo, que es el vecino próximo. Por esto, nosotros -Italia, España, Francia- tenemos que ser agentes de secularización, de ayudar al mundo islámico que es como el mundo cristiano de antes. A separar los sedimentos -costumbres, leyes y creencias- y permitir el encuentro no de costumbres diferentes, sino de fe religiosas, ya que tienen un elemento de universalis-mo, aunque no sea el mismo Dios, aunque no sean las mismas leyes, pero hay por lo menos una intención de universalismo, de universalización.

La ciudad metropolitana
Eso me parece la orientación posible, la orientación necesaria de una política urbana, aumentar, hacer que el centro tenga más posibilidades de comunicación entre culturas, grupos sociales, individuos y sexos diferentes. Que cada elemento, que la pirámide que viene de la vida local al centro metropolitano sea una jerarquía positiva de capacidad de comunicación y de manejar diferencias.

Un filósofo, canadiense inglés, Charles Taylor, ha definido la democracia como la política de reconocer al otro. Por ejemplo, él en su país, es canadiense e inglés, dice tenemos que reconocer al canadiense francés, pero a la vez él tiene que reconocernos a nosotros. Esta idea de comunicación es fundamental, y se entiende que lo que estoy diciendo ahora es una respuesta a lo que he dicho en la primera parte: la decadencia de la ciudad.

La decadencia de la ciudad es la segregación, la separación del mundo económico, técnico que se vuelve más y más global, más y más actual; y las identidades culturales que se cierran y tienen un deseo tremendo de mantener su homogeneidad, su pureza, etc. Por eso el papel de lo político a nivel mundial, a nivel de la UNESCO, a nivel de los países, pero más y más al nivel de las ciudades, y básicamente de este elemento fundamental del mundo de hoy que es la ciudad metropolitana, la gran ciudad. La ciudad puede ser de 20 millones de habitantes, o lo que sea, pero diría que realmente el papel, la meta central de una política urbana es aumentar el grado de heterogeneidad a medida que uno se acerca al centro y a la cumbre de la organización urbana.

Ya he dicho lo esencial que quería decir. Lo interesante ahora sería pasar a las consecuencias concretas, pero quiero insistir sobre lo que acabo de decir porque estamos entrando, con esperanza o miedo en un mundo europeo cada día más unificado. Como todos sabemos en esta Europa actual los capitales, los bienes, las informaciones, los servicios, todo circula libremente, salvo los seres humanos. Eso significa que el ser humano no es una mercancía o una información, es un actor posible, y no podemos resolver el problema de los seres humanos como el problema de las mercaderías o de los capitales. No necesitamos una centralización, un banco central de las religiones o de las ideas filosóficas o de los cálculos científicos o de los pintores. No, lo que necesitamos es exactamente lo contrario, la función básica de la ciudad. Y por eso el Estado nacional está en un crisis más profunda que la ciudad, y ustedes saben que en todos los países europeos la importancia del alcalde ha aumentado enormemente, por ejemplo en mi propio país un alcalde no era nada, cualquier funcionario de la administración era mucho más poderoso. Ahora no es así. En Alemania también. El alcalde de Hamburgo es como un ministro, porque es un Estado. Pero la ciudad representa el lugar estratégico de lucha contra la centralización de la desocialización, de la tecnología y de la economía.

Es solamente al nivel de la ciudad, y especialmente de la ciudad grande, metropolitana, que organizando la participación de la ciudad y de sus habitantes en la red internacional, mundial de tecnología, informaciones y actividades de producción, se puede organizar el encuentro, la compatibilidad de esta integración de tipo económico con la diversidad creciente de la cultura. Ustedes, como yo, encuentran en la calle todos los días gente que viene de África, gente que viene del s. XV, a veces del s. VIII. El problema es que vivimos en un mundo de simultaneidad. Encendemos la televisión y en la MTV son puros negros, como si en EE.UU. o en Inglaterra solamente los africanos cantasen. Pero es así, ustedes encuentran más fácilmente a un cantante de Jamaica que a un electricista para arreglar sus desperfectos. Es decir, porque en la televisión usted no ve electricistas pero ve muchos cantantes.

La ciudad no como lugar, la ciudad en su realidad virtual, en su realidad material, en su realidad imaginaria, es el lugar central donde se puede recomponer, reinventar un espacio político. Es decir, esta mediación que necesitamos absolutamente para evitar que estos dos continentes de la objetividad y de la subjetividad se separen más y más hasta una doble catástrofe. Por eso creo que celebrar el 10ª aniversario de esta mancomunidad no es sólo una ceremonia, creo que puede ser una oportunidad buena para reflexionar sobre el futuro de la sociedad y civilización urbanas, y para darnos cuenta de que la ciudad no es un elemento, el pueblo, la ciudad, la nación, Europa, el mundo, no son elementos. Existen dos tendencias opuestas a la globalización y a la localización como dicen los ecologistas Think global at local. Sí, está muy bien, pero el global y el local están más y más separados, y ¿como pueden mantener una vinculación?: en la ciudad. La ciudad no como política, la ciudad como encuentro, como organización institucionalizada de comunicación entre grupos e individuos diferentes.

Alain Touraine Catedrático de Sociología
Este artículo es la transcripción de la conferencia que Alain Touraine pronunció el pasado día 2 de febrero de 1998 en Barcelona con motivo del "10è aniversario de la Mancomunitat Metropolitana".

'Un nuevo paradigma; para comprender el mundo de hoy', de Alan Touraine

La modernidad ha acabado, dice Touraine, y para la posmodernidad reivindica el sujeto y los derechos culturales, es decir, más de lo mismo.

Desde su atalaya de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, Touraine puede permitirse anunciar la crisis de la modernidad sin temor a ser acusado de reaccionario. Pero, igualmente, para regalar los oídos del lector y tranquilizar su conciencia democrática, el filósofo francés ensaya salvar la posmodernidad. Este escrito se divide en dos partes.

En la primera se anuncia la actual fragmentación de los social y su próxima muerte especialmente causada por el individualismo. En la segunda, tras la reivindicación del “sujeto” frente a al individualismo moderno, se propone la solución en el fundamento de los derechos culturales. Este es el hilo conductor de una obra que está llena de intuiciones y saturada de tópicos.

Para demostrar que la modernidad -en cuanto que paradigma social propio de la cultura occidental- ha llegado a su fin, Touraine propone tres causas:

1) la pérdida de tensiones dinámicas. La democratización occidental eliminando las tensiones de clases sociales, sindicales o de género, consiguió pacificar las sociedades. Pero esta pacificación ha sido un arma de doble filo, que ha llevado a la pérdida de iniciativas colectivas;

2) la sumisión a una dictadura represiva. El triunfo de la democracia ha significado también el triunfo del Estado total, así: “el modelo de sociedad fue destruido en beneficio de un poder absoluto del Estado”;

3) la disolución del voluntarismo en la economía de mercado. Esto es, la sociedad se ha rendido al mercado y el consumismo se ha convertido en uno de los elementos indispensable de la modernidad.

El proceso de globalización en el que estamos sumidos acabará de disolver una sociedad en la que las instituciones como la escuela se sumen en una profunda crisis por su incapacidad de socializar. Lo individual -incluyendo la moral- separado totalmente de lo social, nos anuncia que el viejo paradigma social de modernización ha muerto.

Ante ello, asoman varios peligros. Especial insistencia pone Touraine en avisar de los peligros del nacionalismo. Frente al nacionalismo no ahorra palabras: “El nacionalismo es un proyecto puramente político que trata de inventar una nación al dar a un Estado poderes no controlados para hacer emerger una nación e incluso una sociedad ...

El nacionalismo está muy alejado de la modernidad , y es doblemente peligroso para la democracia. En primer lugar, porque funciona de arriba abajo, por tanto de manera opuesta a la democracia. En segundo lugar porque sustituye la complejidad de las relaciones sociales por la pura afirmación de una pertenencia que se define entonces menos por su contenido que por la naturaleza de sus adversarios”.

Ante el nacionalismo y la falsa identidad que puede otorgar, Touraine reivindica el “sujeto” que se debe desarrollar en base a “derechos culturales”. En esta parte de la obra, será donde el filósofo francés cae en los tópicos más usados: reivindicación de las minorías, integración de inmigrantes, reconsideración de los "nuevos derechos sexuales".

Entre tanto topismo, alguna que otra intuición emerge. Por ejemplo el reconocimiento de que ciertos derechos culturales no pueden ser interpretados como un absoluto y que se les deben poner limitaciones. Por último, una intuición, aunque pésimamente argumentada, es la afirmación de que el futuro en la posmodernidad será femenino. Touraine afirma este futuro con toda complacencia, aunque no reflexiona en que esto será así por el hundimiento de la figura del “padre”.
Fuente:
Un nuevo paradigma. Para comprender el mundo de hoy
Alain TouraineTraducción: Agustín López Tobajas y María Tabuyo.Paidós,
Barcelona, 2005,
271 pp.
http://forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5923&id_seccion=13

Enviado por: Verónica Castellanos García

MOVIMIENTO CAMPESINO (Pon a México en tu Boca)

¡Pon a México en tu boca!
16 julio 2007




A cinco años de que se descubrió la contaminación transgénica del maíz, Greenpeace sembró una duda gigante, para exigir un monitoreo riguroso del alcance nacional de dicha contaminación.

DF, México — El 25 de junio se lanzó públicamente la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano: Sin maíz no hay país... ¡Pon a México en tu boca!, y estará vigente hasta el 1º de enero del 2008.

Greenpeace se suma a esta campaña que es impulsada por cerca de 300 organizaciones campesinas, indígenas, ambientalistas, de derechos humanos, de consumidores, así como investigadores, científicos, artistas, intelectuales y ciudadanos. Las metas de esta campaña se resumen en los siguientes puntos:

1.-Sacar al maíz y al frijol del TLCAN.- Instalar un mecanismo permanente de administración de las importaciones y exportaciones de maíz y frijol (sus derivados y subproductos) por el Congreso de la Unión.

2.-Prohibir la siembra de maíz transgénico en México.- Protección y mejoramiento del patrimonio genético de los maíces mexicanos, incentivo a la producción de maíces nativos y orgánica.

3.-Aprobar en la Cámara de Diputados, el Derecho constitucional a la alimentación, y en el Senado de la República, la Ley de planeación para la soberanía y la seguridad agroalimentaria y nutricional.

Para cumplir con estas metas se convocó a los ciudadanos de todo el país, tú puedes participar con las siguientes acciones:

1.-Sembrar maíz en hogares, banquetas, camellones y parques públicos de todo el país.

2.-Apoyar con tu firma las diez medidas urgentes para defender al maíz y al campo mexicano, el objetivo es reunir un millón de firmas de mexicanos y mexicanas comprometidos.

3.-Participar del 12 al 20 de octubre próximo en la Jornada Nacional de Movilizaciones por la Defensa por Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, que incluirá discusiones y análisis sobre la integración del Presupuesto Rural 2008, así como la realización, el próximo 20 de octubre, de la Marcha Nacional Por la Salvación del Campo del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México; además habrá ferias campesinas, talleres, foros y conciertos.

4.-Realizar actos educativos, de organización y acción de diversos tipos para denunciar los abusos de los monopolios agroalimentarios, para promover la producción y el consumo nacional de alimentos sanos, orgánicos, sin transgénicos, sin productos chatarra, preferentemente de pequeños y medianos productores agroindustriales, bajo el sello “Comercio Justo México”.

5.-Apoyar los esfuerzos de organizaciones campesinas e indígenas para que las demandas por justicia, salud y soberanía para México sean escuchadas.

Convocamos a las mexicanas y los mexicanos a adherirse a esta campaña y hacer suyas las demandas en defensa de nuestro maíz.



Enviado por: Luis Ángel Hidalgo Gómez

MOVIMIENTO CAMPESINO (El Hambre No Espera)

MOVIMIENTO CAMPESINO
EL HAMBRE NO ESPERA

México - Soberanía alimentaria (Campaña 'Sin maíz no hay país')
Sin Maíz no hay país *

-Declaración Final de la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria
Ciudad de México, 30 y 31 de octubre de 2008.

En respuesta a la convocatoria de la Campaña Nacional Sin maíz no hay país y bajo el lema de "Alimentos campesinos para México. El hambre no espera", nos reunimos alrededor de 600 delegadas y delegados, procedentes de 15 entidades federales y de los países hermanos de Guatemala y Honduras. Celebramos la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria, los días 30 y 31 de octubre de 2008, en el Centro de Convenciones de Churubusco del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, en la ciudad de México.

Nuestra Asamblea se desarrolló en un marco de pluralidad, inclusión, deliberación, entusiasmo y combatividad de una gran diversidad de organizaciones campesinas, indígenas y de mujeres, de organizaciones ambientalistas, de derechos humanos, de promoción social, de comercio justo; radios comunitarias y varias asociaciones de profesionistas de la nutrición, la agronomía y de la agroecología, estudiantes, así como académicos, investigadores, intelectuales, artistas, amas de casa, radioparticipantes y ciudadanos.

Nuestro objetivo central fue profundizar una mayor y mejor articulación plural e incluyente de los movimientos sociales comprometidos con la soberanía alimentaria y construir una agenda común y un plan de acción para enfrentar la crisis agroalimentaria.

Afirmamos que es ineludible encarar los aspectos más lacerantes y urgentes de la crisis alimentaria, pero sobre todo, que es nuestra oportunidad y obligación luchar para enfrentar sus causas estructurales y pugnar por el establecimiento de nuevo modelo agroalimentario sustentable y de una nueva política de Estado en materia de agricultura, alimentación, nutrición, comercio y manejo de los recursos naturales.

Reconocemos que la salida a la crisis alimentaria y el establecimiento de un nuevo modelo agroalimentario sólo será posible a partir de los siguientes principios:

i) Soberanía alimentaria; ii) Derecho a la alimentación; iii) Revalorización de la producción campesina de alimentos y del papel de las mujeres en la soberanía alimentaria y nutricional; iv) Defensa de la propiedad social de la tierra y del patrimonio territorial indígena y campesino; v) Agricultura sustentable y manejo comunitario de los recursos naturales; ix) Protección de nuestro patrimonio cultural intangible y de nuestros recursos biológicos y genéticos; vi) Moratoria a la siembra de maíz transgénico; vii) Prohibición al uso de alimentos para biocombustibles; viii) Políticas públicas alternativas y un Estado responsable; y, ix) Lucha contra los monopolios agroalimentarios y la publicidad engañosa de los alimentos.

La Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria analizó que la crisis alimentaria y la crisis financiera global representan el fracaso rotundo de las políticas neoliberales de liberalización comercial, económica y financiera impuestas en el mundo y en nuestro país desde 1982 a la fecha. La crisis alimentaria confirma el fracaso de los gobiernos neoliberales y de sus instituciones, tanto en México como en el mundo. Son gobiernos e instituciones fallidas, burocratizadas, contrarias al interés público, que están al servicio de las grandes corporaciones trasnacionales y de los grupos empresariales privilegiados las mafias políticas y los poderes fácticos.

En el mensaje enviado a nuestra Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria por el relator especial de las Naciones Unidos para el Derecho a la Alimentación, Oliver De Schutter afirma que "Las medidas legislativas son urgentes, importantes pero no son serán suficientes. La sociedad civil deberá velar por que sean implementadas, es un papel crucial que puede y debe desempeñar. Tengo esperanza de que desde México puedan surgir nuevos modos, nuevas ideas, nuevos sistemas, porque esta crisis múltiple nos invita, a todas y todos, a construir e imaginar un nuevo sistema global de producción, cultivo, intercambio, comercialización y abastecimiento de alimentos sanos y nutritivos para todas y todos".

El Dr. Abelardo Ávila del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán y de la Asociación Latinoamericana de Nutrición, presentó datos sustentados sobre el impacto que tiene el modelo alimentario impuesto por el gobierno mexicano, las grandes empresas y la publicidad en las condiciones de desnutrición y obesidad de los mexicanos.

Otros especialistas como Blanca Rubio, Armando Bartra, Cristina Barros y Carlos Morales también nos motivaron a impulsar acciones encaminadas a cambiar el modelo agroalimentario y las instituciones nacionales e internacionales que han provocado la actual crisis. Como movimientos sociales estamos comprometidos con la soberanía alimentaria, para evitar que esta crisis se transforme en catástrofe alimentaria, económica, social y política.

Nuestra Asamblea refleja que éste es el tiempo de la sociedad civil, de los movimientos sociales. La salida a la crisis no será a partir de su profundización ni provendrá del mismo gobierno y grupos corporativos que la precipitaron y de la cual ellos han sido beneficiarios.

Es por esto, que la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria ha decidido continuar y profundizar la Campaña Nacional Sin maíz no hay país e impulsar todas las propuestas y Plan de acción emanados de los trabajos en grupos y acordados en el plenario. Aquí algunas de ellas:

1. Impulsar las siguientes campañas: a) Campaña para elevar a rango constitucional el derecho a la alimentación; b) Campaña para lograr la aprobación por el Senado de la ley de planeación para la soberanía y la seguridad agroalimentaria y nutricional; c) Campaña para legislar el establecimiento de una reserva estratégica alimentaria y un mecanismo de administración del comercio exterior de alimentos estratégicos; d) Campaña contra la siembra de maíz transgénicos, contra la contaminación transgénica y por la responsabilización de Monsanto y el gobierno federal por dicha contaminación; e) Campaña por la prohibición del uso de alimentos para la elaboración de biocombustibles; f) Campaña para la erradicación de la malnutrición en México así como por la prohibición de la distribución de alimentos chatarra y refrescos en escuelas públicas y la publicidad engañosa de alimentos; g) Campaña contra el TLCAN, el ASPAN, la Iniciativa Mérida y el Proyecto Mesoamericano.

2. Impulsar la reorientación radical del TLCAN y el modelo de relación de México con Estados Unidos y Canadá y de México con Centroamérica y el Caribe y América del Sur, a la luz del fracaso del modelo de libre comercio, de las experiencias alternativas de integración impulsadas por la Comunidad de Naciones del Sur y ante la llegada de un gobierno y congreso demócrata en los Estados Unidos.

3. Impulsar la construcción de canales alternativos de vinculación campo-campo y campo-ciudad para la comercialización y distribución de productos campesinos de alta calidad y precios accesibles. Lo anterior, incluye una campaña para el establecimiento de comedores escolares a partir de alimentos campesinos de la región.

4. Impulsar la realización anual de una feria nacional de productos campesinos así como de ferias estatales, regionales y locales.

5. Impulsar una campaña de información y educación a nivel de todas las comunidades rurales y urbanas del país, sobre los principales temas de la crisis alimentaria, de la defensa de la soberanía alimentaria y de las alternativas sociales, de manera sistemática, amplia y masiva, a través de la diversidad de medios de comunicación alternativos y estrategias de educación popular.

6. Continuar, extender y profundizar en el marco de la Campaña Nacional Sin maíz no hay país y tendiente a impulsar las Asambleas Regionales y Estatales por la Soberanía Alimentaria nuestros encuentros, intercambios y articulaciones desde lo local y regional, a través de ferias, talleres, foros, visitas de intercambio, apoyos de campesino a campesinos, etc.

7. Impulsar la articulación de la Campaña Nacional Sin maíz no hay país con otros movimientos sociales en defensa de la soberanía alimentaria, la soberanía energética, la economía popular, los derechos humanos, el medio ambiente, la democracia popular y la soberanía nacional.

8. Impulsar el Movimiento Indígena y Campesino Mesoamericano (MOICAM), encuentros trinacionales (México, Estados Unidos y Canadá) de movimientos sociales (campesinos, sindicalistas, ambientalistas, derechos humanos, migrantes, etc.) así como con los movimientos sociales de América del Sur.

Salvemos al campo para salvar a México
Alimentos campesinos para México
El hambre no espera

CAMPAÑA NACIONAL SIN MAÍZ NO HAY PAÍS. ALIMENTOS CAMPESINOS PARA MÉXICO. ¡EL HAMBRE NO ESPERA

Enviado por: Luis Ángel Hidalgo Gómez

MOVIMIENTO URBANO POPULAR (Espacio-Experiencia)

El presente artículo es un estudio enfocado al Movimiento Urbano Popular, en el cuál se enmarcan algunas de sus características, dentro del texto son localizables aspectos del análisis como son: los actores, las demandas de estos, la forma de acción social y las formas simbólicas de reconocimiento y pertenencia de los actores sociales hacía el movimiento de colonos. Además que el autor toca algunos aspectos sobre la teoría de la movilización de recursos.



Espacio-experiencia: la acción colectiva de cara a la complejidad urbana
Mario Constantino T.
Maestro en Ciencias Sociales. FLACSO-Sede académica de México

Una buena parte de lo que podamos decir acerca de la organización social, de su estructura y de su desarrollo, de su pluralidad, encuentra su refrendo en un espacio determinado que estructura, él mismo, las situaciones que soporta. Así la idea del espacio supone tanto la existencia física de un territorio de adscripción grupal, como la presencia de marcas culturales que doten de señas de identidad/identificación a los colonos.

Introducción.

En los últimos diez años, desde mediados de la década de los ochenta, el paisaje urbano se ha transformado rápidamente. No sólo tiene que ver con un cambio en la disposición espacial de nuestros recuerdos, alterada a raíz de los sismos del 85, o con el hecho indubitable del tránsito silencioso de ciudad a megalópolis. Va más allá de esto. Las transformaciones alcanzan el complejo de interacciones sociales, políticas, económicas y culturales de la Ciudad de México. Es como si la ciudad hubiera amanecido en los noventa, después de los sismos y las movilizaciones sociales post-88, encerrada en un prisma que sólo nos devuelve fragmentos informes que hay que interconectar. El objeto de estas reflexiones es dar cuenta de un fragmento de esa ciudad que ya es otra: intentar ordenar a través de la díada espacio-experiencia las modificaciones suscitadas en la conformación y actuación de una organización del Movimiento Urbano Popular (MUP). Para ello, hemos circunscrito los analizadores específicos que orientan este trabajo a tres elementos: el espacio y sus usos; las marcas culturales del MUP y la organización intragrupal y la construcción de necesidades. Se trata de observar cómo los cambios en la dinámica urbana transforman la orientación de la acción de las organizaciones del MUP frente a las instituciones públicas oferentes de servicios urbanos.




Si bien la experiencia investigativa se reduce al análisis de una organización popular en el Cerro del Judío [1] , hemos optado por presentar los resultados de la investigación bajo la forma de ensayo, con la idea de poner a discusión el encuadre general de la misma.

El espacio y sus usos

En las megalópolis modernas, dado el carácter complejo de las interacciones, la movilidad de un lugar a otro, la hibridación de identidades culturales diversas que portan sus habitantes, dificilmente se puede hablar de una aprehensión total del fenómeno urbano: la ciudad, para sus habitantes, es una experiencia fractal, "si uno la mira desde el interior, desde las prácticas locales cotidianas, ve sólo fragmentos, inmediaciones, sitios fijados por una percepción miope del todo. Desde lejos, parece una masa confusa a la que es difícil aplicar los modelos fabricados por las teorías del orden urbano" [2]. Infinita, la Ciudad de México es casi como la imagen de Dios, está en todas partes y no está totalmente en ninguna. De ahí que su abordaje sea también fractal, acotado por coordenadas socioespaciales, en sus dimensiones material e imaginaria.

En este sentido, las grandes urbes como Ciudad de México, nos colocan en la disyuntiva de utilizar la lógica analítica de una temporalidad unificada o la de explorar las relaciones simultáneas que se dan en un mismo espacio. Aún con un pasado tan fuerte y rico en contrastes como en la capital de México, la trama compleja del presente y la incertidumbre sobre el futuro, disminuyen las condiciones de posibilidad de la experiencia encadenada al tiempo y privilegian las adscripciones, múltiples si, al espacio. O parafraseando a Maffesoli [3], la modernidad se despliega en un tiempo orientado: va a alguna parte, en línea continua de progreso o en cascada discontinua de revoluciones; la experiencia social actual se refugia en el espacio (en un espacio, a decir de Maffesoli, que es tiempo condensado): en el aquí y el ahora, en el presente, en los objetos más que en los proyectos. Así, no va a ninguna parte en particular aunque puede ir a cualquier parte.

A nuestro parecer, una buena parte de lo que podamos decir acerca de la organización social, de su estructura y su desarrollo, de su pluralidad, encuentra su refrendo en un espacio determinado que estructura, él mismo, las situaciones que soporta [4]. Así la idea del espacio supone tanto la existencia física de un territorio de adscripción grupal, como la presencia de marcas culturales que doten de señas de identidad/ identificación a los colonos [5]. Si asumimos la complejidad urbana de la Ciudad de México suponemos que la experiencia de habitarla, de transitarla, está mediada por las posibilidades de control que sobre el entorno tenga el colono, y ella se reduce normalmente al espacio inmediato, el medio físico que cotidianamente le rodea (la calle, la cuadra, el barrio) y el medio imaginario donde es posible encontrar códigos, valores, pautas de sentido, que lo adscriben a un Nosotros que le permite estructurar la identidad, la mismidad, la diferencia [6].

En este sentido, cada espacio es una unidad compleja que conecta lo material con lo imaginado e imaginario. Cada espacio es un campo donde los individuos se relacionan de forma diferenciada con los elementos materiales y simbólicos, conforme el baggage cultural que portan y la posición que ocupan en el sistema de relaciones sociales en que se desarrolla [7].

De este modo una de las premisas para la comprensión de las organizaciones sociales del MUP, sus formas de acción e interacción, es el reconocimiento de los modos en que se apropian del espacio, tanto en su dimensión física como imaginaria. El vínculo que como individuos y grupos [8] puedan formar en torno al espacio que ocupan y construyen define, a nuestro parecer, los modos en que se vive el presente en la relación imaginaria con la entidad nacional; en el vínculo con los otros que participan en la organización y en la práctica de interacción con las instituciones públicas oferentes de servicios urbanos que portan, también, una imagen del uso y apropiación del espacio [9]. En este sentido, la espacialidad de las relaciones comporta la definición de las redes de poder que operan tanto a nivel intragrupal como en la interacción con otras organizaciones o instituciones públicas [10].

Si bien en el Cerro del Judío la ocupación física del espacio aparece poco problematizada al seno de la organización de colonos, es indudable que el carácter "ilegal" que revistió en los primeros tiempos (1964-1973) definió ampliamente las modalidades de interacción entre colonos y, al mismo tiempo, las características de la interacción con las autoridades. Es significativo que en las entrevistas realizadas, los elementos de cohesión interna fueran aquellos con los que las autoridades definían a los pobladores: ser pobres, ser ilegales, carecer de servicios, estar al margen de la ley. Estos identificadores, que coadyuvaron al re-conocimiento de los colonos, a la solidaridad que da la igualdad de condiciones, fueron al mismo tiempo los que marcaron la pauta de interacción con las autoridades del DDF; ésta se caracterizó por la total falta de atención a las demandas -regularización, dotación de servicios- y por el hostigamiento. Empero, conforme los colonos abandonaron los esquemas de intermediación, señaladamente el comisariado ejidal, y constituyeron un espacio de expresión propio pudieron modificar su posición en el espacio de poder al tiempo que redefinir sus necesidades, cuya orientación fue crecientemente localista. Había pues un anclaje simbólico en el que todos se reconocían y por el cual el mejoramiento del entorno inmediato se convirtió en la premisa de negociación; esto es, conforme se fue dotando de significado a la presencia física de los colonos, el uso del espacio fue retrayéndose al ámbito de lo inmediato, de lo circundante.

En este mismo sentido, el acotamiento a lo local posibilitó una mayor identificación entre los colonos. No sólo tenía que ver con el hecho de ocupar el mismo sitio, sino también con que la interacción en espacios acotados coadyuvó a la constitución de redes de solidaridad y afectividad profundas que, a su vez, configuraron un "espacio instituido de significado" relativamente común a todos.

Vista en esta perspectiva, la espacialidad es una "forma" que se modula de diversas maneras. Así, este pivote territorial puede ser un lugar sagrado, un lugar de intercambio, un lugar de poder, un lugar de estar juntos sin más; en síntesis, una superficie de lo social cuya especificidad está dada por los sentidos con que es dotada: aquello que nosotros hemos denominado las marcas culturales del eje territorio-experiencia en la organización social de los MUP.

Las marcas culturales en las organizaciones sociales del MUP

De la investigación realizada en el Cerro del Judío podemos derivar que la ocupación física del espacio sólo alcanza tal circunstancia cuando ha sido ritualizada, esto es, cuando éste ha sido marcado culturalmente, reconocido y habitado en su variada y rica simbología. Ello implica que el espacio de la organización de los MUP, así como su reproducción dependen fundamentalmente del umbral a partir del cual los colonos se reconocen en él, el horizonte en el cual puede definirse la relación de "Yo y mi entorno" [11]. En el caso del Cerro del Judío, las marcas culturales que los colonos imputaron tienen que ver primero con las áreas comunes a todos: andadores, calles empedradas, lo laberíntico del trazo de la colonia. Después siguen aquellos espacios que consiguieron mediante movilizaciones o negociaciones: el centro de desarrollo infantil, por ejemplo. Cada uno de estos sitios ha devenido un símbolo de autoafirmación de los colonos, cada uno condensa en esos espacios la memoria de la colonia, de la organización y de cada uno de los colonos.

Este hecho apela a la existencia de ciertos códigos, remembranzas, sobreentendidos, nombres propios sobrepuestos a los oficiales, emblemas que constituyen los lugares de formación del discurso cotidiano: los signos de reconocimiento que permiten la interacción comunicativa; en síntesis, la existencia de una memoria colectiva [12]. Nos parece que estas marcas culturales, que a la sazón generan identidad e identificaciones [13], se hacen presentes en las organizaciones sociales de los MUP y de su mayor o menor consistencia depende, con mucho, la posibilidad de autonomía en relación a otros discursos o a otras modalidades de organizar el territorio y construir la socialidad. Esto es, de su capacidad de cohesión, historicidad y reconocimiento depende el hecho de su diferenciación respecto a las imágenes de cohesión, historicidad y reconocimiento que desde las instituciones públicas o desde otros grupos y organizaciones sociales se realizan [14].

La ritualización de las marcas culturales pasa por múltiples mediaciones cotidianas; estas pueden referirse directamente a una práctica litúrgica, a una consigna, a los nombres con que se identifica el espacio ocupado, hasta llegar al arquetipo impuesto por los otros. Estas marcas, ritualizadas en la cotidianidad, constituyen la argamasa que posibilita la vida en grupo, que distingue y abre paso a la interacción y la definición de las necesidades. Tal como lo señalaban algunos entrevistados, la importancia que tuvo la imputación de pobres e ilegales con que los nombraban las autoridades fueron elementos cohesionadores en el seno de la colonia. Asimismo, la identificación de problemas comunes -matriz de la demanda- y la paulatina adquisición de "rostro y voz" [15] posibilitaron la conformación de una organización propia para interactuar con las instituciones públicas oferentes de servicios urbanos.

En este sentido, es a partir de la relación entre espacio y experiencia cómo se constituye lo que denominamos la comunidad, el grupo social que comparte algo más que la simple vecindad geográfica. Esta, a la luz de esos elementos, es una unidad cultural autoreferente que a través de la socialidad electiva va constituyendo los lazos "profundos" que posibilitan el estar juntos: el compartir la experiencia del otro, el saberse parte de formas de vida semejantes, el re-conocerse en hábitos, costumbres, giros expresivos, historias, necesidades, posibilita la comunicación y, a partir de ella, la interacción. Es esto lo que nos permite hablar de una matriz de base que vivifica y engloba al conjunto de la vida de todos los días. Así, la comunidad constituye el nivel inferior de la acción colectiva, es aquello que por rutinario posibilita la reproducción social del grupo en cuanto tal. Cabe hacer la anotación de que el hecho de compartir el imaginario comunitario no supone en modo alguno homogeneidad; precisamente una de sus características es la diferenciación interna, que puede posibilitar la homologación tanto como el conflicto.

Empero, la presencia de la comunidad, fundada en el eje territorio-experiencia (el espacio y las marcas culturales) por sí sola no agota la explicación sobre las condiciones de existencia de una organización social y las matrices de origen de la acción colectiva. Es necesario explorar el ámbito de las interacciones grupales para la construcción de las necesidades.

Las interacciones grupales y la construcción de necesidades

En la constitución de las acciones colectivas, un peso importante recae en dos elementos: la forma en que surgen y se desarrollan las interacciones grupales, y la forma en que se constituyen las necesidades.

Respecto a la forma en que se constituyen y se desarrollan las interacciones grupales sabemos que las organizaciones sociales del MUP no son homogéneas, esto es, que la premisa de constitución es el juego de las diferencias entre los individuos que participan en ellas. Para el caso del Cerro del Judío, encontramos que la diferenciación interna de la comunidad no ha menoscabado el trabajo de la organización popular. Al parecer, el hecho que la organización se haya diferenciado internamente, que abriera nuevas áreas de trabajo para atender las necesidades de la colonia, supuso mantener y en algunos casos ampliar la cohesión de la comunidad, pues al diferenciarse la estructura de necesidades se especializó correlativamente la participación en la organización, ampliando los márgenes de interacción básica. Como señalaba una de las entrevistadas:

"Si bien no todos le entraron a la pelea por la regularización y entrega de escrituras -muchos ya las tenían-, también participaban en actividades de la organización... por ejemplo las compañeras tenían un trabajo muy importante en la guardería y muchos de los compañeros le entraban con ganas a los talleres que habíamos creado para capacitar... entonces, no se zafaron, mas trabajaron (SIC) en beneficio de la colonia, eso sí hay que reconocerlo..." [16]
En este contexto, el problema de la diferenciación interna de las organizaciones sociales nos situa en el análisis de dos componentes de la acción colectiva: la subjetividad y la grupalidad. El primer componente nos coloca en el plano de las condiciones en que los individuos asumen, en la diversidad, el vínculo grupal. El segundo, nos coloca en la problemática de la permanencia de la cohesión en la diferencia [17]. Desde la perspectiva de los colonos de Cerro del Judío, la subjetividad o solidaridad instrumental más que un obstáculo, constituyó la posibilidad de reproducción y ampliación de las áreas de trabajo de la organización, particularmente en los periodos en que el vínculo con las instituciones públicas fue limitado a apoyos para mejoras superficiales de la colonia. De este modo, la subjetividad mantuvo activa a la organización popular, al centrar el trabajo en la educación callejera y la organización de teatro popular. Desde la perspectiva de la cohesión grupal es indudable que al especializarse las funciones en la organización se coadyuvó a canalizar la diferenciación interna de la comunidad, pues la mayoría de los entrevistados encontraron algún elemento de referencia con la comunidad, algún interés compartido con todos.

Como puede deducirse del planteamiento anterior, tanto la subjetividad como la grupalidad remiten a la cuestión del vínculo primario de toda organización social: la solidaridad [18]. Entendida en su doble manifestación de valor e instrumento de la acción colectiva, da cuenta de las condiciones en las cuales se genera vínculo grupal y cohesión en la diferencia. Si el análisis se realiza desde el individuo, la solidaridad connota un carácter decisional en el que se ve involucrado un cálculo de costo- beneficio por medio del cual el sujeto adhiere su acción con otros para alcanzar un objetivo común. Este tipo de solidaridad es efímera, pues agotado el objetivo el vínculo se diluye para dar paso a una nueva interacción. Si el análisis se realiza desde el grupo, la solidaridad se presenta como un valor en sí mismo, como un prerrequisito de la interacción y de la formulación de objetivos; en este sentido la solidaridad se presenta como un mito del cual se participa, y que antecede a la presentación del sujeto en la acción [19].

De lo anterior se deriva un elemento central, y paradójico, de la acción colectiva que sería pertinente tener en cuenta: en la lógica de la interacción grupal, fundada en formas específicas de solidaridad, se pertenece por entero a determinado lugar, pero nunca de manera definitiva. Las derivaciones de esta afirmación inciden en la forma en que se estructuran los vínculos con las instituciones oferentes de servicios básicos, en la fuerza de las demandas enarboladas, y en la respuesta misma de las instituciones. En el caso del Cerro del Judío, la diferenciación de la organización popular generó demandas que por la autoreferencialidad que connotaban podían solucionarse sin intervención de las autoridades; a partir de ahí se establecía una escala de necesidades y se estructuraba el carácter de la acción que se desarrollaría para su satisfacción. De esta manera, a decir de los entrevistados, siempre hubo márgenes de participación en los cuales cada colono definía su incorporación o no a la movilización propuesta. Solidaridad como valor o como instrumento.

No queda duda que en la interacción grupal de los MUP están presentes una y otra modalidad de solidaridad. Sea en calidad de apoyo efímero, o como práctica ritualizada que posibilita el estar juntos, la solidaridad se presenta a los ojos del investigador como elemento interaccional, sea en el plano comunicativo o en plano simbólico. Pero, además, la solidaridad en tanto que expresión de la grupalidad, deriva en el elemento a partir del cual es posible pasar de la necesidad física (base de identificación comunitaria) a la necesidad social (premisa de la organización social). En este sentido, la presencia de demandas articuladas no sólo habla de la existencia de una organización capaz de jerarquizarlas y trasladarlas al ámbito de las instituciones públicas, sino que remite a la idea según la cual la demanda es también un indicador de competencia sociocultural y de identificación grupal.

Efectivamente, la constitución de la organización popular en el Cerro del Judío está acompañada de un proceso paralelo en el los colonos van adquiriendo "rostro y voz", van asumiendo en términos imaginarios la posibilidad de constituirse como grupo distinto de los otros. Desde el momento de ocupación de los predios en el viejo ejido de San Bernabé Oxcotepec hasta la conformación e institucionalización de la organización popular, los colonos van construyendo su mundo "instituido de significado" al cual se adscriben y los dota de señas de identidad. El elemento clave de este proceso es la homologación de necesidades, pues es a través de estas que se descubren las coincidencias, las afinidades, los afectos. Muchos de los entrevistados señalaron que el principio de todo fue "saberse iguales", "tener los mismos problemas", "ayudarse en las cosas de todos los días". A partir de este reconocimiento, fue posible articular las necesidades en demandas y dotarlas de la capacidad de movilización que la existencia de la organización - el rostro y la voz propios de la comunidad- podía implicar.
De este modo, en el momento en que los individuos han generado cierto nivel de homologación en cuanto a lo que se comparte en el estar-juntos, en el momento en que han constituido una comunidad, instituyen un sistema de necesidades sociales que requiere de una instancia que posibilite su comunicabilidad en términos de opinión pública [20], para ello se pasa a la organización, como espacio donde las necesidades sociales devienen demandas jerarquizadas y homologables en el espacio amplio de la sociedad. Precisamente es esta condición de homologación la que posibilita constituir la necesidad social en demanda y, en tanto que tal, en vínculo institucional con autoridades oferentes de servicios públicos.

La organización popular opera como ordenador y ejecutor de decisiones previamente compartidas en el espacio de la comunidad; esto es, la organización es el nivel de publicitación a través del cual los colonos externan al sistema político-administrativo los requerimientos mínimos de operación en sociedad [21]. De este modo, la organización es un nivel de interacción social más complejo, que se establece con propósitos definidos en perspectiva (por ejemplo, conseguir servicios básicos en las colonias populares), y que tiene como rasgos particulares el establecimiento de un sistema de autoayuda (corresponsabilidad), derivado de la condición de semejanza existente a nivel de la comunidad y que posibilita perseguir intereses comunes o afrontar problemas compartidos. El carácter mismo de la organización, como instancia de segundo orden en la constitución de la grupalidad, permite la existencia de una membrecía fluctuante: el compromiso hacia los objetivos de la organización por parte de los individuos o la comunidad pueden agotarse en el momento en que este es satisfecho. Opera, podríamos decirlo, la solidaridad como instrumento, como resultado de una decisión que involucra un cálculo de costo-beneficio. Mientras que la solidaridad como valor es más común a nivel de la comunidad.
Recapitulación y prospectiva

En estas reflexiones generales sobre la organización popular en el Cerro del Judío, encontramos algunos elementos que nos permiten señalar las características de la acción colectiva en el marco de la complejidad urbana.

El hecho de que la acción colectiva tenga una estructura "segmentada, reticular y policéfala" [22], tal como hemos intentado establecer aquí, donde la solidaridad es el único recurso disponible para competir por los recursos escasos, impone cuestionamientos novedosos a las formas de acción de las organizaciones sociales del MUP. Dado que estas reflexiones están fundadas en resultados parciales de una investigación, quisiéramos señalar sólo dos de ellos.

Frente a la complejidad urbana, la acción colectiva de los colonos del Cerro del Judío ha privilegiado los contenidos locales de las demandas en detrimento de aquellos que los enlazaban a movilizaciones sociales más amplias. La ocupación total del espacio, en sus dimensiones material e imaginaria, que hemos explorado en estas páginas nos habla de una creciente preocupación por mejorar el entorno inmediato. Este proceso parece apuntar a un doble objetivo: de una parte, señala las expectativas de mejoría en la calidad de vida de los colonos; del otro, apunta a la creación de un mundo instituido de significado en el cual los colonos tengan un referente; esto es, opera como espacio de certezas donde se reproduce cotidianamente la sociedad y la socialidad, donde el anonimato urbano se diluye para dar paso a la identidad y la identificación.

El hecho de que se observen cambios en el tipo de demanda (localizadas, expresivas, de corto plazo) y que estos hayan posibilitado modificaciones en su formulación y politicidad, nos sugiere un proceso de creciente pragmatismo en la relacionalidad de las organizaciones sociales en detrimento de los contenidos ideológicos con los que había operado años antes. En el Cerro del Judío, al no haber ahora una imagen de futuro vinculada a una sociedad alternativa, con contenidos conflictuales en su consecución, la formulación de expectativas se orienta a buscar la solución en términos propositivos, lo que abre la posibilidad de la negociación o, en otras palabras, de reducir la complejidad de un entorno cambiante. Por otra parte, si efectivamente el pragmatismo es la divisa de las interacciones creadas desde las organizaciones sociales, como en el caso de los colonos del Cerro del Judío, es importante saber cuáles son los impactos que esto tiene en la estructura de las relaciones clientelares o en las prácticas corporativas, ambas signadas por intercambios asimétricos en favor de las instituciones.

Por último, debemos señalar que la ciudad herida por la fragmentación y la complejización murió. El problema es qué hacer con un cadáver tan lleno de mundo.

Notas
1. En el recuento de la historia de la colonia popular Cerro del Judío, que arranca en 1940, las constantes en la interacción de los colonos con las instituciones públicas han sido el conflicto y la negociación. La posibilidad de analizar y evaluar ambas modalidades de interacción con un alter institucionalizado, en un mismo espacio, nos ha permitido distinguir con mayor claridad el modo en que operan los elementos simbólicos en la construcción de las relaciones entre colonos y autoridades, a la luz de las transformaciones materiales y simbólicas operadas en el seno de la organización popular y, especialmente, entre sus militantes.
2. Cfr. García Canclini, Néstor, "México: la..., op. cit. p.7
3. Cfr. Maffesoli, Michel, Le temps des tribus, Paris, Méridiens-Klinksieck, 1988.
4. Utilizamos la metáfora de la performatividad para señalar que, en el marco de las sociedades complejas, el lugar donde se produce y reproduce sociedad y socialidad, es sólo el de la puesta en escena de una interacción. Si ella adquiere visos de perdurabilidad [la arquitectura] o es simbólica [el recuerdo], es en tanto que premisa de la formación de una identificación que, de devenir central [el mito] será la argamasa para la existencia del grupo, la "sensación" del estar juntos.
5. Cfr. Silva, Armando, Imaginarios Urbanos. Bogotá y Sao Paulo: Cultura y Comunicación urbana en América Latina, Bogotá, Tercer mundo editores, 1992, 293 pp. Al desarrollar la importancia del espacio [el territorio] el autor señala que: "nombrar el territorio es asumirlo en una extensión lingüística e imaginaria; en tanto que recorrerlo, pisándolo, marcándolo en una u otra forma, es darle entidad física que se conjuga, por supuesto, con el acto denominativo. (...) Es la representación de la ciudad o parte de ella, donde la "puesta en escena" de una representación nos devuelve el foco desde dónde y cómo se mira el territorio" (pp. 48-49).
6. Un balance de la investigación realizada en el Cerro del Judío nos permite aseverar que las modalidades que adopta la acción colectiva para satisfacer necesidades están íntimamente ligada a la dimensión espacial que abarca, al carácter localizado o no de la demanda. En el trabajo de campo se pudo observar que paulatinamente las demandas evolucionaban de planteamientos nacionales y abstractos hacia expectativas autorreferenciales en el seno de la comunidad. La mayor parte de los entrevistados señalaron la necesidad de mejorar el entorno inmediato como mecanismo de mejoramiento de la calidad de vida de los colonos, reconociendo que la formulación de demandas de caracter global siempre los había entrampado.
7. Esta postura es la de Pierre Bourdieu, para quien la cultura, el patrimonio cultural representa un capital de orden simbólico que resulta de un proceso social dinámico, desigual y conflictivo. Cfr. Bourdieu, Pierre, Sociología y cultura, CNCA, México, 1990; también véase, La distinción. criterios y bases sociales del gusto, Taurus, Madrid, 1988.
8. Dice Maffesoli: " la ciudad de todos los días, aquella donde se enraízan nuestros afectos se vive como imperfección, sobre todo cuando en ella se apela imaginariamente a una figura mítica donde se realiza armónicamente la pluralidad". Ello implica la necesidad de reconocer la multiplicidad de formas en que se vive la ciudad, para acceder a una pluralidad real, conflictiva, democrática. La puesta en escena de ese reconocimiento nos conduce al problema de la legitimidad. Cfr. Maffesoli, Michel. La conquête du présent, París, PUF, 1979, p.69.Por otra parte la idea de la confluencia entre individuos y grupos se hace en la perspectiva apuntada por Melucci, quién señala lo inadecuado de pensar las acciones colectivas, las movilizaciones sociales en términos exclusivos de individuos agregados (como Olson), o como simples derivaciones de una situación de masa (como el caso de Le Bon o Tardé). A juicio de Melucci, hay un punto intermedio en el que ambos factores confluyen y es el de la pertenencia a redes asociativas y comunitarias donde no se pierde de vista la individualidad. Cfr. Melucci, Alberto, Sistema Politico, Partiti e movimenti sociali, Milano, Feltrinelli Editore, 1979, pp.102-109.
9. Nos interesa destacar aquí la interacción simbólica que atraviesa la relación entre las instituciones oferentes de servicios urbanos y las organizaciones sociales del MUP. No sólo se trata de una relación formal de demanda/solución. En cada una de las interacciones se juega permanentemente la posibilidad de preservar la particularidad, las formas de socialidad que cohesionan al grupo. En este contexto, al significar la dimensión sociocultural de la interacción estamos pensando en las condiciones de inserción en la toma de decisiones de los MUP.
10. La experiencia del estar juntos en la fase de constitución de la colonia popular Cerro del Judío fue un elemento clave en la constitución de la grupalidad entre los colonos. Asimismo, la dimensión imaginaria en la que los colonos se autoadscribían al referir su relación con la colonia -paracaidistas, ocupantes ilegales, entre otras- daba cuenta de un factor de cohesión que era otorgado por las instituciones públicas: el otro que al nombrarlos los identificaba, los dotaba de un espacio en las redes imaginarias del poder.
11. Lo anterior no supone desconocer o negar la presencia de matrices políticas, económicas en toda la extensión de los términos. Implica sí, asumir la parte sombreada, la cara oculta hecha de minúsculas situaciones y prácticas, que es el lugar de la conservación de sí y del grupo.
12. Cfr. Halbwachs, Maurice, La mémoire collective, París, PUF, 1950.
13. Entendemos esta diferencia en el sentido apuntado por Sciolla: la identidad es algo que tiene que ver con la autonomía individual, con la capacidad del sí mismo de diferenciarse de los otros, con la diferenciación de la personalidad respecto del sistema social. La identificación supone la capacidad de integración del individuo al grupo, sea a través de valores compartidos o bien de intereses definidos para desarrollar acciones de corto/mediano plazo.
14. En el caso del Centro de desarrollo infantil, cabe destacar que al tiempo que es una marca cultural es también un indicador de expectativas de mejoramiento de la calidad de vida. En ese sentido, no sólo es un fragmento de memoria colectiva de lucha, sino que también define una orientación novedosa en la demanda de los colonos; aquella que tiene que ver con el aumento de su competencia sociocultural, entendida como la posibilidad de generar nuevas necesidades y formular nuevas demandas conforme se van obteniendo satisfactores básicos. En este segmento influyen sin lugar a dudas la escolaridad y los medios de comunicación.
15. El recorrido de los colonos desde su condición de ilegales hasta su autoafirmación como ciudadanos pasa por la evolución de un sistema de imputaciones de sentido con que las autoridades van definiendo las reglas de interacción. Cada fase del proceso de imputación de sentido va acompañado de una operación fantasmática por la cual se explica a nivel simbólico la autorreferencia de los colonos. El camino va desde la fase de ilegales/invisibles, en que los colonos no son considerados sujetos de derecho; después son sólo pobres/visibles, y por lo tanto sujetos de la acción gubernamental aunque sin posibilidades de presionar; por último, al regularizarse la tenencia de la tierra, devienen ciudadanos/voz y rostro propios, con plenas garantías para el ejercicio de derechos. El proceso por el cual los colonos se referían a sí mismos como invisibles, visibles sin voz y rostro y voz propios se obtuvo a partir de buscar las asociaciones que cada uno de los entrevistados hacia sobre la condición ilegal, pobre y ciudadano.
16. Trabajadora del sector servicios, 50 años.
17. Es indudable que las investigaciones relativas al MUP que predominaron hasta mediados de la década de los ochenta, daban por sentada la presencia de la cohesión grupal en la acción colectiva. Había una suerte de determinismo estructural (la adscripción de clase) que hacía innecesaria la problematización de la cohesión interna. A nuestro parecer, una de las razones por las cuales la movilización social urbana posterior a 1985 dejo literalmente pasmados a los investigadores se deriva de esta premisa.
18. Retomamos aquí los planteamientos desarrollados por Paolo Natale relativos a las formas y finalidades de la acción solidaria. Cfr. Formas y finalidades de la acción solidaria, mimeo, s/f, 31 pp.
19. De alguna manera es lo que Durand llama la potencia de impersonalidad, por medio de la cual el sujeto queda referido al grupo y donde el objetivo es la trascendencia del grupo en el tiempo. Cfr. Durand, Gilbert, les estructures anthropologiques de l'imaginaire, París, Denoel, 1979.
20. Para un desarrollo más extenso sobre las cuestiones de publicidad, de distinción entre lo público y lo privado, Cfr. Habermas, Jürgen. Historia y crítica de la opinión pública, Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 1981, 351 pp. El texto detalla la evolución de lo público a lo largo de la historia y sus contradicciones dialécticas con el espacio privado. Es clave para la comprensión de los fenómenos comunicacionales contemporáneos.
21.Cfr. Luhman, Niklas y Raffaele de Georgi, Teoría de la sociedad, México, Coed. UIA/ITESO/U de Guadalajara, p.372. Los autores señalan: "Si se quiere determinar la función de las organizaciones en la construcción de una sociedad funcionalmente diferenciada, es necesario tener presente que las organizaciones son los únicos sistemas sociales que se pueden comunicar con los sistemas de su entorno (...) ya sea que estas organizaciones ... se atribuyan la premisa de desempeñar el rol de portavoz, como las asociaciones de patrones o de trabajadores que presumen hablar en favor de la economía".
22.Cfr. Melucci, Alberto, L'invenzione del presente. Movimenti, identitá, bisogni colletivi, Bologna, Societa editrice il mulino, 1982, p.162

Fuente:
http://www-azc.uam.mx/publicaciones/cotidiano/68/doc5.html

Enviado por: Raisa Quetzalli Acacio Palapa